irina 的个人资料IRICUPERABLE照片日志列表更多 工具 帮助

日志


11月29日

Cuentos del cruce - Irina_texto 2

El cruzar empieza por plantearse como un problema. La frontera es un obstáculo, al menos así la veía yo al llegar. Pasaporte, visa, embajada, papeles, control, sospecha, motivos y argumentos, que lleva, que trae, porque, como, adonde? Nunca tuve tantas ganas de cruzar tampoco...

No sé porque, no logre preocuparme por eso desde Europa. No hice ningún tramite antes de salir, ni siquiera averigüe si necesitaba visa, ni donde ni como sacarla, ni cuanto tiempo se iba a demorar. Improvisación total.

Estando en Tijuana averigüe en la embajada francesa como era el asunto, creo que mas por curiosidad que por otra cosa. Ni puta idea, eso es lo que tenían en la embajada. Según ellos tenia que sacar un nuevo pasaporte, de esos de “lectura óptica”, y para eso no solo tenia que soltar un pastón sino que además tenia que presentar unos cuantos documentos que me iba a ser totalmente imposible conseguir. Órale pensé (a esa altura ya se iban infiltrando en mis diálogos internos unos cuantos modismos tijuanenses), nomás me quedo de este lado y me sigo imaginando el otro, que al final es lo que hace mucha gente aquí...

 

Sin embargo, al llegar ya habia empezado sin quererlo mi encuesta, para saber que opinaba la gente de la dificultad de cruzar, de los papeles necesarios, de los versos estratégicos frente a los agentes, etc. Todas las respuestas fueron sumamente interesantes. Cada cual contaba su anécdota, resumía su estrategia, contaba vivencias y repetía cuentos oídos alguna vez, participando a que se mantengan los mitos urbanos del cruce.

En Tijuana uno se acostumbra a oír todos los días historias increíbles, surrealistas, que solo pueden ocurrir aquí, que necesitan este escenario fronterizo bien particular para poder existir. Aunque muchas de esas historias probablemente sean ficciones, requieren el paisaje urbano de Tijuana, de esta frontera para ser contadas. Y acá, todas parecen igual de creíbles...

 

 

Fue un lunes a la mañana, tempranito. Andaba yo dando vueltas por ahí, tratando de captar como se despertaba la Línea después del rush del fin de semana. Intentando ver a que se parecía la ciudad mas visitada del mundo en camisón. No tenia intención de cruzar sino de pasarme el día en la mera línea.  Y de pronto me encontré haciendo algo común  para la gente aquí: checkando el estado de la fila de peatones, viendo que eran pocos a  esta hora de la mañana y diciendo “bue, hay que aprovechar, voy”. Fila de espera bajo el techito que no se sabe bien de que se supone que te va a proteger. Pensar que para mucha gente este acto es perfectamente banal, normal, cotidiano, vació de sentido como todas las acciones que a diario repetimos sin prestar atención a su significado. Miento... en realidad no creo que haya alguien aquí a quien no le mueve un pelo esta situación...

Bueno si, estas dos chavas detrás mío, los 17 anos poco discretos, contándose chismes del college y demás tonterías con toda tranquilidad. Pero a medida que nos acercabamos al edificio de la aduana, de los puestos de control, se oian cada vez menos conversaciones alrededor. Podes mirar a donde quieras, siempre va a haber al alcance de tu mirada un cartel que te recuerde tu situación. Estas en territorio gringo, estas controlado, no tenes derecho a hacer esto ni lo otro, en cambio estas obligado a tal cosa y tal otra. ( La gente parece no verlos pero si sentir la presión que sugieren.) Y sobretodo a esperar. La espera ya ni se sabe si es concreta – como cuando uno esta esperando algo  - o si es una prueba mas – además de mostrar tus papeles, tenes que demostrar que sabes esperar .

 

“ First time in San Diego?” . Me sorprende la voz de este viejo pastor gringo, seco, con cara de loco total. Seguramente se dio cuenta de que me encontraba algo incomoda, estresada y me empezó a contar de sus aspirantes a pastor tijuanenses. Me contó eso y se perdió. Ya paso. Me toca a mí. El agente revisa mi pasaporte y pierde unos cuantos segundos buscando la visa. Al entender que no tengo me manda a otro edificio a hacer el tramite que según el no es nada complicado. (Me sigue causando mucha gracia el tema de que para todo el mundo acá soy gringa, camino por la Revu y nadie duda en hablarme en ingles... cuando en realidad no entiendo ni papa). Buena onda el fulano hasta ahí. En el otro edificio me explican que si, con pasaporte francés me dan visa de turista, seis dólares los tres meses de entrada autorizada a EE.UU.

Me lleva un buen rato lo del tramite. Lo peor es aguantar las bromas del agente intentando hablar francés y contestar por escrito una serie de preguntas surrealistas. Esto es de otro mundo. “Entre 1933 y 1945, ha usted ayudado de alguna manera al régimen. ?”(para esta merecería la pena verificar la formulación exacta). “Viene a EE.UU. para llevar a cabo alguna actividad terrorista? (si, claro) Ha hecho su valija Ud. mismo? (no, un fulano que pasaba por ahí con barba y una chamarra con retrato de Bin Ladden...por?) Usa drogas? (Bueno, aparte de mota, merca, cristal, hongos y un acido de vez en cuando no) ” Y demás... no puedo retener la carcajada. Y con todo, imagínense que un pasaporte frances aca es como un privilegio.

 

Anyway... cuando salgo del edificio para volver al puesto de control, son las tres de la tarde y hay una fila larguísima. Por suerte puedo pasar directamente. Paso. Estoy del otro lado. Uno aparece ahí como por magia, directamente de la garita al anden limpito y prolijito de San Ysidro station. El trolley rojo, la maquinita para los tickets. Clavados frente a ella siempre debe estar la misma clase de gente, viejos, perdidos, inseguros, angustiados tratando de entender que onda con los billetes. Estar en el vagón del trolley es todo un viaje, es como haber cambiado de planeta......

 

Un sábado a la noche. Siete de la tarde, a checkar el estado de las garitas por telefono. San Ysidro: pocos carros, muchos peatones ; Otay, muchos carros, pocos peatones... Que hacemos? Lección de estrategia fronteriza : una tiene carro y Sentri, los tres otros no tenemos ni una cosa ni la otra. Entonces ella pasara en carro, nosotros a pie. Para ella, media hora esperando que verifiquen visas, abran baules, hagan preguntas. Para nosotros, cero espera, no hay fila. Entramos directamente al edificio y pasamos cada uno frente a un agente. Hay solo tres ahí, la maquina de rayos X esta parada... No termino de entender bien como funciona todo esto... “ heufhelipqm’mo?” ... “eh?”... “Que traes ahí?” (ufff...todo el mundo es capaz de traducir aca por suerte). “Nada, unos zapatos”. “Ok, hasta luego”.

En menos de un minuto estoy afuera. Y pienso: nunca se podra controlar del todo este lugar. Nada podra impedir que las cosas y la gente circulen... a pesar de esta tensión omnipresente, de que te den o te saquen tu visa sin demasiada explicación....Al final todo esto no es mas que un conjunto de seres humanos controlando a otros seres humanos... o sea que va seguir falible.

 

Lo mas interesante seria llegar a poner juntas todas las historias de cruce que circulan en Tijuana. Legales, clandestinos, deportados, individuos, familias, historias desde lo tragico hasta la payasada, contradictorias, con distintas dosis de verdad y ficción, todas sonando a vivido con tremenda intensidad, imposibles en otro lugar del planeta y compartidas ya por buena parte de la humanidad.

 

 

Llegar a la Linea - Irina_texto1

 

 

          Tuve la suerte de llegar a Tijuana con ojos nuevos. Es decir, con una mirada totalmente virgen de este paisaje. Esa mirada que devuelve la capacidad de asombrarse, de alucinar con todo es un regalo que solo nos dan la infancia y el viajar.

            De frontera hasta ahora conocía una sola: la que separa Paraguay de Argentina y de Brasil. Y más que todo venia acostumbrada a las “no-fronteras” de la Comunidad Europea, que solo se hacen visibles en los azarosos controles de las aduanas “volantes”, en las autopistas o los trenes internacionales. Nada que ver con esta…

            Llegar a la línea fue una casualidad, que ocurrió como una semana después de haber llegado. Yo lo había pensado como con todo un ritual. Ya que iba a ser mi objeto de estudio venia con planes, ilusiones, ritos de acercamiento propios del trabajo de campo imaginado en la distancia.

Al final termine yendo sin saber que iba a parar ahí. Era interesante de por sí la situación de esa primera visita: un profesor francés, a quien le ofrecían un recorrido por Tijuana “La Horrible” antes de subirse al avión, un fotógrafo nativo de Tijuana (que son pocos…) que a pesar de estar retratando la línea a diario parecía ya ni verla. Como si fuese para el un detalle del paisaje que, barda mas barda menos, nunca llegaría a impedir la circulación. Y yo, de colada al recorrido…El profesor y yo alucinados, matándolo a preguntas al pobre fotógrafo encargado de mostrarnos su ciudad. Cada una le debía parecer más absurda que la otra…

Creo que lo primero que me impacto fue la mera línea (bueno una de las tantas líneas a las cuales uno se refiere con esa palabra aquí…), es decir, la fila de carros esperando con tanta paciencia como si se tratara de entrar al paraíso. Ahí empecé a preguntarme: Que puede merecer tanta espera? Cómo se aguanta tantas horas ahí la gente, sin bajarse de su coche, sin moverse de la fila de peatones? Será que no queda otra en serio? O será que de verdad del otro lado hay un cacho de paraíso?

Mi mirada no podía moverse de esos autos, pegaditos uno al otro, avanzando milímetro por milimetro como una larga serpiente arrastrándose por el asfalto. Y el contraste con el mundo tan vivo de los vendedores desplazándose entre las filas estáticas, nieves, periódicos, Jesús Cristo en la cruz, mantas, chicles…y al costado los puestos, vomitando figuras de yeso mas truchas una que la otra, Winnie the Pooh y algo que pareciera querer ser azteca, mascaras de luchadores con colores de la bandera mexicana. Un universo de objetos feos, inútiles y falsos. Que representaran para el que los compra? Que pensara de ellos el que los vende? Cada puesto con su vendedor móvil, capaz de detectar la mirada de deseo de un cliente potencial aunque este en la cuarta fila, capaz de adivinar cual es el objeto del deseo y de llevárselo corriendo a su carro, este donde este…

We take it to your car …dice un cartel gigante que para mí termino siendo como el símbolo de la línea. Una composición de botellas de todos los alcoholes que se puedan imaginar, una caja de Marlboro... para una mirada acostumbrada al mediascape de un país donde se prohibió hace mucho ya la propaganda para tabaco y bebidas alcohólicas, se imaginan el choque... esa foto te dice: “ Todo lo que quieras consumir, te lo consigo y te lo llevo a la boca” (desde tu casa con vista al Pacifico hasta tu Viagra o tu tequila Cuervo que te anima sugiriéndote “Atrévete a cruzar la frontera”). Como si te estuviera hablando la misma Tijuana, la ciudad-espejo dispuesta a mostrarte lo que se te antoje ver...

Después los ojos se me fueron acostumbrando, en esa etapa donde uno pasa del viajar al vivir en un lugar, aunque sea por unos meses. Empiezan a impactarte otras cosas. Para mí fue por ejemplo la dimensión física de la línea. Cuando la ves de arriba, desde el puente, parece que fuera en dos dimensiones. La fila de carros seria la dimensión vertical, infinita, y las garitas la horizontal, tan estrechita. Y de pronto piensas Como se puede concentrar tanta presión, tanta desigualdad, tantos estereotipos, tantos problemas globales en un espacio tan pequeño? Este ridículo corredor es lo que separa los ESTADOS UNIDOS de México, los Gringos de los Latinos, la Primera Potencia del resto del mundo?...En serio?

 

            La línea es una paradoja. Creo que es la única palabra que pueda definirla.  Para quien quiera fijarse en ese aspecto, puede parecer un “no-lugar”, estático, sin consistencia, espacio de la espera anónima, donde la única actitud posible es someterse a esa espera, porque el tiempo lo controlan los agentes en sus garitas.

Para quien quiera ver lo contrario, la línea es un barrio denso, con miles de vidas, de historias, con gente que mucho más que someterse inventa a diario mil maneras de hacer de esta jodedera una oportunidad.

            La linea tiene muchos espacios, muchos tiempos distintos. Creo que la línea es algo distinto para cada persona. Y sin duda es mucho mas que todo lo que acabo de decir.

 

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------